“Investigación e innovación en la UC: Bases del desarrollo nacional en ciencia, tecnología e innovación” - Academia Diplomática de Chile Andrés Bello
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21 Dic “Investigación e innovación en la UC: Bases del desarrollo nacional en ciencia, tecnología e innovación”

Alumnos: Cristóbal Sandoval – David Hansen

 

1.   Contexto del tema

Una de las políticas relevantes para que un país pueda alcanzar un desarrollo sostenible en el tiempo es apuntar a la ciencia como mecanismo de innovación y mejora de los procesos productivos en los que posee ventajas comparativas. En este sentido, se hace necesaria la construcción de un marco capaz de promover el avance en dicha vía. La creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación en Chile es el reflejo de un esfuerzo institucional para contribuir en el desarrollo de investigación tanto básica como aplicada, al igual que promover la formación de capital humano avanzado. Sin embargo, esta misión no debe estar sólo en manos de una sola repartición, sino que demanda un diálogo y colaboración intersectorial. Es aquí donde se suman otras instituciones como el Ministerio de Relaciones Exteriores, en cuanto al apoyo en materia de inserción internacional del país en la materia. Todas ellas desempeñan un papel fundamental en su gestión, pues permiten generar puentes de entendimiento y sinergias entre los diversos actores que desarrollan estas disciplinas, conectando a Chile con la red internacional de investigación, desarrollo e innovación.

Con el objetivo de comprender estos elementos desde una perspectiva práctica, se realizaron una serie de talleres con el Centro de Innovación de la Pontificia Universidad Católica de Chile. El primero, que buscaba otorgar los lineamientos generales sobre la materia estuvo a cargo del Sr. Rodrigo Cevallos, subdirector de internacionalización de la investigación de la mencionada casa de estudios. El expositor es candidato a doctor de la Universidad Autónoma de Madrid, y se ha desempeñado por alrededor de diez años en gestión, consultoría e investigación en ciencia, tecnología e innovación, habiendo colaborado además como consultor con el gobierno de Paraguay y otras instituciones nacionales.

De esta manera se constituyó un panorama acerca de la investigación, desarrollo, innovación y capital humano avanzado en el contexto de Chile para los alumnos de la Academia Diplomática Andrés Bello, para así valorar la relevancia de la materia para el fortalecimiento del país en el contexto de las contribuciones que la diplomacia puede desarrollar.

 

2.    Puntos abordados en el diálogo interactivo

 

Desde un primer momento se destacó la relevancia de la ciencia para la investigación, el desarrollo e innovación como uno de los factores fundamentales para alcanzar un crecimiento de largo plazo en el país. Para estos efectos se dio cuenta de los elementos de convergencia existentes en materia de ciencia, en cuanto a que los efectos apreciables en el desarrollo de nuevas tecnologías son fruto de la interacción de una serie de elementos de orden científico previos. Como elemento diferenciador se hace mención al llamado “Cuadrante de Pasteur”, que permite distinguir el trabajo científico en sus distintas categorías: el realizado como investigación básica disciplinar, fundado en una perspectiva enteramente teórica, la básica aplicada y finalmente la investigación aplicada tradicional. Todas ellas, a pesar de ubicarse en planos distintos tienen un carácter interdependiente, siendo necesaria su comprensión y valoración como un todo para el avance en el desarrollo técnico.

La ciencia también puede poseer elementos de divergencia, en cuanto a las orientaciones que guían su desarrollo, los objetivos a perseguir y quiénes serán los beneficiarios de los resultados que allí se obtengan. A modo de ejemplo, se podría diferenciar entre la investigación creada para el dominio público, con el objetivo de que sea una contribución abierta para tomarla como base para el desarrollo de tecnologías desde una perspectiva amplia, o aquella con un lineamiento más bien direccionado, de aplicación restringida y con carácter reservado. Esto dependerá en gran medida de quiénes son los mandantes y otorgan el financiamiento.

Respecto al desarrollo científico nacional, Chile actualmente posee un bajo nivel de inversión en investigación y desarrollo, la cual asciende a el 0,36 por ciento del PIB (2018). Esto sitúa al país en los últimos lugares de la OECD y por debajo del promedio latinoamericano. Estos recursos provienen en su mayoría del sector público, siendo la participación de privados bastante menor en comparación a lo observado en economías con mayores niveles de desarrollo. En este marco, los resultados obtenidos son en su mayoría de dominio público, pudiendo así constituir insumos relevantes para quienes pretendan seguir con su análisis al tomarlos como base para el desarrollo de nuevas iniciativas y tecnologías tanto en el país como en el exterior.

Sin embargo, es relevante mencionar que, pese al bajo nivel de inversión en la materia, la productividad científica chilena es una de las más alta de Sudamérica en cuanto a publicaciones SCOPUS, dando cuenta de las amplias capacidades de los investigadores nacionales. Analizándolo desde un punto de vista prospectivo, una mayor inversión en investigación y desarrollo permitiría incrementar aún más la cantidad de iniciativas exitosas que se traducen en artículos científicos sobre la base del potencial ya demostrado por los científicos chilenos.

 

Una mayor productividad científica requiere como punto de partida capital humano avanzado, el cual ha dado un salto relevante en el último tiempo, sobre todo a partir de 2008 con el inicio del programa Becas Chile. La iniciativa, creada a

partir de una cirugía mayor a los mecanismos existentes en la materia, busca formar investigadores doctorados y postdoctorados con el objetivo de construir capacidades para la investigación y desarrollo en el país. Originalmente la orientación estaba dada a la formación en el exterior, sin embargo, se ha decidido potenciar los espacios a escala nacional a través de la inclusión de becarios nacionales. Inclusive se han creado programas de colaboración y promoción de la formación doctoral en Chile que ha atraído a investigadores de toda América Latina a las universidades chilenas. En términos numéricos, se ha logrado un aumento relevante de doctores, pasando desde de 426 en 2010 a 822 en 2018 egresados anuales, acercándose en la actualidad a un millar de becas, de las cuales ⅔ son asignadas para estudios en el país.

Becas Chile ha logrado aumentar ostensiblemente la cantidad de doctores en el país, llevando a ser considerada como exitosa inclusive a nivel internacional, siendo imitada en Paraguay y Perú. Sin embargo, la inserción laboral de los nuevos investigadores ha sido más lenta que lo esperado. Las primeras generaciones formadas bajo el programa se integraron en su mayoría como académicos en universidades, sin embargo, para los más recientes ha sido más complejo dado que las plantas están cubiertas prácticamente en su totalidad. En otros países la alternativa laboral para los investigadores ha sido el sector privado y el desarrollo de emprendimientos propios, lo cual en Chile no se ha observado aún, transformándose esto en un desafío para la inserción en el campo productivo del capital humano avanzado.

 

3.    Desafíos que plantean los temas abordados

 

Uno de los primeros desafíos que se vislumbra respecto al desarrollo de ciencia, tecnología e innovación, es el aumento de la inversión pública y privada que Chile destina a investigación. Como ya se mencionó previamente, Chile destina un porcentaje muy bajo de su PIB a investigación y desarrollo, proveniente estos recursos en su gran mayoría del sector público, ya sea a través del otorgamiento de becas de formación como también fondos concursables. Respecto al sector privado, si bien existen iniciativas ligadas a instituciones de educación superior, como el caso de la Pontificia Universidad Católica que a través de diferentes centros de investigación y centros científicos de excelencia desarrolla investigación básica y aplicada permanentemente, aún existe un déficit respecto a la inclusión de investigación, desarrollo e innovación en la industria local. Según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y del Ministerio de Economía, Fomento y Turismo, el año 2018 se presentó una disminución del 12% respecto a la inversión por parte de empresas en este tipo de disciplinas, pese a que el Estado ha promovido iniciativas que buscan incentivar la incorporación de innovación y desarrollo, como la ley I+D que entrega beneficios tributarios a quienes desarrollen iniciativas en esta vía. En este marco, se debe avanzar en distintos mecanismos para promover mayor inversión en el área por parte del sector privado, ya sea mediante nuevos incentivos en materias de impuestos o promoviendo, en el largo plazo, un cambio cultural que genere una mayor valoración del I+D+i.

Un segundo desafío que plantea el desarrollo de las áreas de ciencia y tecnología a nivel nacional es la actualización de los programas de becas con los que el país cuenta. En la actualidad, el programa “Becas Chile” administrado por la Agencia Nacional de Investigación y el Desarrollo (ANID), si bien ha contribuido significativamente a incrementar la cantidad de profesionales que pueden acceder a estudios de postgrado, tanto dentro como fuera del país, aún presenta desafíos que es necesario abordar, como el mecanismo de retribución y su vinculación en torno a la propuesta que realizaron al momento de postular al beneficio.

En la actualidad, una vez finalizados los estudios, se exige a los becarios retornar al país y retribuir el beneficio asignado mediante su estadía en Chile por el mismo o el doble del tiempo que se permaneció en el exterior (dependiendo del lugar de residencia), sin embargo, no existe un mayor control ni seguimiento del desarrollo ni del uso de las herramientas que el profesional adquiere. La estructura de incentivos actualmente no promueve el cumplimiento del objetivo inicial del programa, que es formar capital humano avanzado en miras de contribuir al desarrollo del país, lo cual demanda una pronta reforma.

Por último, un tercer desafío que plantea esta temática, y que va de la mano con los puntos anteriores, es la integración laboral del capital humano avanzado, pues si bien, Chile ya presenta iniciativas que van encaminadas en potenciar la inversión en ciencia, tecnología, investigación y desarrollo, y con ello, el desarrollo de capital humano avanzado, la integración del dicho capital al mundo laboral en miras de generar una contribución a la sociedad, aún presenta problemas, pues las áreas donde un profesional con perfil en investigación se puede desempeñar son acotadas, además de presentar un desincentivo salarial en la medida que los sueldos asignados a los puestos de investigador son poco competitivos en comparación a aquellos asignados a un puesto en la industria.

Respecto a las áreas de desempeño disponible, un investigador tiene como principal fuente laboral la academia y la industria. En el caso de Chile ambas presentan restricciones relevantes. En el primero, las oportunidades están principalmente en instituciones de educación superior y centros especializados, en donde existe un número reducido de recursos y vacantes para una cada vez más creciente oferta de doctores, lo que lleva a hacer de la búsqueda laboral un proceso muy competitivo y en ocasiones, desalentador. Esto también se refleja en materia de financiamiento para el desarrollo de proyectos por parte de investigadores jóvenes. A modo de ejemplo, el FONDECYT de iniciación del año 2017 recibió 1151 postulaciones de proyectos, pero sólo se aprobaron 331. Así se hace necesario el otorgamiento de mayores recursos y la creación de nuevos espacios que permitan integrar de mejor manera el capital humano avanzado en la academia sin desaprovecharlo. En el caso de la industria, la situación tampoco es muy favorable, en la medida que la inversión en investigación y desarrollo por parte de empresas tiene un carácter más bien residual. Según cifras de la Cuarta Encuesta Longitudinal de Empresas realizada por el Ministerio de Economía el año 2017, solo 1 de cada 10 compañías invierte en estas áreas, por lo que es necesario potenciar el interés de los privados en la investigación, dándoles a conocer las ventajas que ésta representa para una mayor productividad y desempeño de la industria.

Finalmente, respecto a la estructura salarial, si se toma en consideración la cantidad de años dedicada a los estudios de doctorado y postdoctorado, la tasa de retorno suele ser más baja que en el caso de haberse dedicado al ejercicio de la profesión durante ese período, constituyendo así un desincentivo para que más personas entren al ciclo de formación de capital humano avanzado. Esto, sumado a la falta de oportunidades laborales, lleva muchas veces a que quienes desean darle orientación científica a su carrera profesional dejen atrás su vocación y pasión por el conocimiento, en aras de una mayor estabilidad. De este modo se pierden potenciales investigadores con capacidades que podrían haber aportado en gran medida al desarrollo de las disciplinas científicas, por lo que se hace necesario en la generación de mayores incentivos que representen una justa retribución al esfuerzo entregado por parte de quienes decidan seguir la vía de la ciencia.

 

 

4.    Perspectivas desde Chile

 

Uno de los desafíos relevantes para Chile en esta materia es posicionarse como un actor relevante en el circuito de investigación y desarrollo a nivel global. Es menester destacar que el país no puede intentar abocarse a todas las áreas, sino que avanzar en aquellas donde posea mayores ventajas comparativas. Para ello, los esfuerzos se pudiesen circunscribir a aquellas áreas en que el territorio posee condiciones de laboratorio natural. En primer lugar, la extensa costa ofrece oportunidades para la experimentación de distintas formas para aprovechar el recurso marítimo. Desarrollo energético mareomotriz, perfeccionamiento de sistemas de desalinización de aguas y optimización del manejo de recursos pesqueros son unas de las tantas áreas en las cuales avanzar. En segundo lugar, la presencia en la Antártica y la cercanía con el territorio continental permitirían posicionar al país como un centro logístico para la investigación del continente blanco. En tercer lugar, los cielos prístinos del norte ofrecen condiciones únicas para la astronomía que ya están siendo abordados de manera satisfactoria por actores internacionales, tales como el European Southern Observatory, entre otros. Es en este sentido que el servicio exterior chileno puede aportar como apalancador de recursos tanto humanos como monetarios provenientes del exterior para su desarrollo en el país, siendo en este caso la diplomacia una herramienta para la ciencia. Las misiones chilenas en el exterior podrían actuar como espacios de difusión de las ventajas comparativas del país, transformándose, junto a las funciones desempeñadas tradicionalmente, como gestores de vínculos entre agencias de investigación y desarrollo en el exterior y nacionales.

Sin embargo, el país debe ir más allá de ser un centro de paso para investigadores extranjeros, propugnando a que se apunte a la creación de capacidades en el territorio que tiendan a quedar instaladas al menos en el mediano plazo, apuntando hacia su permanencia. El que científicos extranjeros tengan experiencias satisfactorias en el país podría crear un círculo virtuoso que genere una sinergia positiva entre actores internos y externos que permitan crear un renombre de alcance global en las áreas anteriormente descritas. Es en este contexto que la ciencia nacional puede ser una herramienta para la diplomacia, en cuanto a posicionar al país como un actor relevante en el ecosistema de investigación y desarrollo tecnológico a nivel global. De esta manera Chile adquiere mayor soft power, en cuanto a avanzar en el camino a ser un referente en el área.

El construir la reputación de Chile como país plataforma para la ciencia y la tecnología pasa también por la promoción del capital humano nacional más allá de las fronteras. Gran parte de los investigadores formados bajo el programa Becas Chile cursan sus estudios en universidades de primer nivel, desarrollando vínculos con científicos de renombre internacional que pueden colaborar en insertarlos de buena manera dentro de los circuitos de investigación y desarrollo globales. Sin embargo, hoy en día las bases del concurso obligan al retorno de los becarios al país para su retribución, en que, como se ha mencionado, las oportunidades laborales son escasas. Así, se cae en un subóptimo para todos los actores involucrados: una inversión no menor de recursos públicos en la formación de capital humano avanzado que no logra insertarse en el país. Una alternativa a esta problemática es modificar los mecanismos de retribución, posibilitando que los investigadores nacionales puedan permanecer en el exterior y desde allá contribuir al desarrollo de la ciencia nacional. La obligación de retorno pudiese ser conmutada por mantener vínculos con el ecosistema científico en el país, contribuyendo a través de su investigación en temas de interés para el país, actuando además como puente con los circuitos globales, utilizando tanto la infraestructura como los vínculos desarrollados en su proceso de formación. De esta manera pueden transformarse en representantes nacionales, contribuyendo al fortalecimiento de la imagen de Chile como un espacio relevante para la ciencia en el plano global.